CRUBA

http://edant.clarin.com/diario/2000/08/26/s-05001.htm

ENTREVISTA CON EL NUEVO DECANO, SALOMON MUCHNIK
Medicina dará impulso al sistema de residencias
Se busca así mejorar la formación de los médicos y reforzar la atención en los hospitales públicos
El neurólogo Salomón Muchnik (66), nuevo decano de la Facultad de Medicina de la UBA, anticipó a Clarín que impulsará "el desarrollo y máximo espacio para las residencias médicas", considerando que hoy un 40 por ciento de los profesionales no las hacen.

Muchnik fue designado anoche en el cargo por el Consejo Directivo de la facultad por 11 votos a favor y 5 abstenciones. El flamante decano marcó diferencias con la anterior gestión del doctor Salomón Schächter: "Fue positivo porque abrió el juego luego del decanato de Ferreira. Lo tratamos con respeto pero sus proyectos no eran personales, también las impulsaban los consejeros académicos", dijo. Y aseguró que algunos puntos de la reforma curricular que él impulsaba —como los proyectos de posgrado y la práctica médica desde el primer año de estudios— seguirán vigentes.

Muchnik no quiso abundar en definiciones sobre otros temas conflictivos, como la extensión de materias en el CBC para limitar el ingreso o la creación de cupos —motorizadas por Schächter—, explicando que "estamos en un momento de transición y vamos a discutir esos temas con seriedad, viendo qué consenso hay".

Midiendo sus palabras, Muchnik agregó: "Se ha dicho que la Facultad tiene que permitir el ingreso de sólo 900 alumnos por año para poder formar médicos confiables, que con 36.000 estudiantes está desbordada y que la deserción alcanza al 80 por ciento del alumnado. Hay que reevaluar todo eso, como parte de un análisis sobre el tema del ingreso y la calidad académica. Creo que nuestra Facultad pública es superior a las privadas, pero hay que pagarles mejor a los profesores".

Sobre la práctica médica desde el primer año, destacó que "ya se aplicó en el Instituto Alfredo Lanari, hasta que se suspendió en 1976. Permitió que doce generaciones de médicos se graduaran. Debemos insistir con la enseñanza sobre la base de modelos, donde los estudiantes dirijan ateneos médicos —sobre cirugía, clínica general, anatomía y otros puntos— apoyándose en una historia clínica real".

En cuanto a la recertificación periódica del título de médico, Muchnik opinó que "todos los países serios lo hacen. En los Estados Unidos existe el examen Board: todos se pueden inscribir y, si lo aprueban, pueden acceder a mejores empleos o a posiciones docentes de jerarquía. En la Argentina lo hizo Gianantonnio con éxito, pero no era obligatorio".

Con la idea de reforzar las residencias médicas, Muchnik propone "crear un sistema como el vigente en los Estados Unidos, que se sostiene precisamente por sus médicos residentes. Aquí se puede interesar a intendentes de ciudades del interior para que paguen los sueldos y aseguren los espacios de vivienda y bibliotecas; nosotros podríamos dar el programa de estudios y auditarlo periódicamente con inspecciones. La gran beneficiaria será la gente, que hoy soporta hospitales vacíos".

Muchnik reúne —según quienes lo conocen— una gran capacidad de maniobra política con el prestigio profesional. Es vicepresidente de la Federación Mundial de Neurología, titular emérito de esa cátedra en la Facultad y jefe del servicio de Neurología en el Instituto Lanari.

 

http://www.lanacion.com.ar/726245-los-medicos-se-debaten-entre-la-precarizacion-laboral-y-el-pluriempleo

Las profesiones, hoy / Medicina

Los médicos se debaten entre la precarización laboral y el pluriempleo

El nivel de los sueldos se ha deteriorado y cada vez hay más exigencias de capacitación profesional

En la labor de los médicos se advierte la superposición de tareas y modalidades de contratación. Foto: Alfredo Sabat

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"La actualización médica exige hoy un enorme esfuerzo por el crecimiento exponencial del conocimiento, justo cuando el tiempo para adquirirlo es cada vez más escaso y las compensaciones económicas magras obligan a horarios extenuantes de actividad asistencial." En esta síntesis de Alberto Agrest, miembro de la Academia Nacional de Medicina y reconocido especialista en medicina interna, se percibe el dilema al que se enfrentan hoy los 120.000 médicos que -se estima- hay en la República Argentina.

 

De los 75.000 jóvenes que hoy estudian Medicina en el país sólo una cuarta parte tiene acceso a las residencias en el momento de su graduación. Las últimas estadísticas señalan que este año disminuyó en un 9,4% el interés de los jóvenes por esta carrera, en medio de un debate que involucra a las máximas autoridades del área sanitaria. El ministro de Salud, Ginés González García, se pronunció reiteradamente en favor de restringir el ingreso en las universidades. "La sociedad no necesita más médicos, sino mejores médicos", dijo. En el mismo sentido se expresó el doctor Miguel Salvioli, decano de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata, donde cada año más de 1200 jóvenes son aplazados en el examen de ingreso de esa casa de estudios. "No se puede hacer en Medicina un simulacro de enseñanza", expresó.

Se trata de una profesión que se enfrenta a permanentes exigencias de capacitación y también a los riesgos de un creciente número de juicios por mala praxis, que hoy afectan a uno de cada cinco médicos argentinos, por un monto de $ 3000 millones anuales.

Los jóvenes eligen esta carrera por vocación y por el prestigio que otorga su título. Pero también porque permite la combinación del ejercicio liberal de la profesión con la relación de dependencia y porque, a pesar del exceso de médicos, la demanda se mantiene y es permanente.

Por otra parte, hoy la profesión médica es sinónimo de pluriempleo: se superponen tareas y modalidades de contratación, que van de la relación de dependencia a los servicios prestados contra entrega de facturas, de la formalidad a la precariedad y de la atención de pacientes particulares -los menos- a otros con múltiples coberturas, como prepagas y obras sociales. Según datos de la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas, a partir de mediciones de organismos privados y proyecciones de datos públicos, el 55% de la población no cuenta con otro sistema de atención que el de la salud pública, donde muchos médicos trabajan ad honórem.

Consecuencias de la crisis

Para Carlos Hernández, secretario de Asuntos Universitarios de la Federación Médica de la Capital Federal y presidente de la Asociación Médica del Hospital de Clínicas, persisten consecuencias de la crisis de los últimos años. "Desde 1990 hasta hoy se perdieron 8000 puestos médicos en relación de dependencia en empresas del Estado que cayeron o se privatizaron. Y los sueldos, en particular en los hospitales universitarios o provinciales y en institutos de excelencia como el Roffo y el Lanari, se ubican en niveles apenas equiparados con el costo que el Indec le asigna a la canasta familiar. En cuanto a los honorarios que pagan las prepagas, no se actualizan desde hace 10 años", dice Hernández.

Poner consultorio, al menos para los más jóvenes, tampoco parece la opción más atractiva. Los costos fijos son altos y la retribución que reciben de los pacientes -vía obras sociales, mayoritariamente- es decepcionante. Con la presión de que en la mayoría de los casos se les exige atender hasta cuatro pacientes por hora.

El ejercicio profesional también se vio afectado por el cambio en el papel del Estado, que mantiene pocos hospitales nacionales, mientras las provincias y los municipios definen su política de recursos humanos. Eso influye en la política de residencias médicas, que dependen de cada jurisdicción. Los residentes son médicos que hacen su formación en una especialidad después de graduados. El sistema nació en los años 70 para actualizar los campos de la profesión más complejos. Históricamente hay plazas para un 25% de los médicos recibidos. "El resto se las ingenia", dice Guillermo Cossani (28 años), médico cirujano recibido en la Universidad Nacional de Córdoba, que transita el tercer año de la residencia médica en el servicio de Urología del Policlínico Bancario 9 de Julio, de la Capital Federal.

Su historia no difiere de las de casi 5000 jóvenes que egresan cada año de las 26 universidades del país donde se dicta la carrera (la oferta se triplicó en los últimos 10 años). "Los que no pudieron entrar en un sistema de residencia tienen que esperar un año para los nuevos llamados y trabajar en condiciones precarias en hospitales, servicios de emergencia, empresas de reconocimientos médicos u otros sistemas de salud que funcionan con lo mínimo", dice Cossani.

Diagnósticos y desafíos

Isaac Rivero, miembro de la Academia Nacional de Medicina y ex decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo, cree que uno de los principales desafíos es delinear el perfil de médicos que necesita el país. "Aunque antes habría que plantearse qué hacer con la salud. De esta pregunta saldría la necesidad de un plan integral que tuviera en cuenta la creciente pobreza, la desigualdad de acceso a los servicios y la falta de planes nacionales de formación de recursos humanos para la salud y de distribución geográfica de los distintos servicios", además de "la frecuente corrupción de los sistemas mutualizados y la ausencia de una política adecuada para el ingreso de los jóvenes en las carreras de la salud".

Para Agrest, las facultades de Medicina hacen mala práctica docente al no impartir ni evaluar adecuadamente el conocimiento de sus graduados. "El Ministerio de Salud matricula a los graduados sin evaluar su capacidad, y la habilitación profesional ocurre sin atender a las necesidades de la población. Se gradúa un número de estudiantes para los cuales no hay recursos docentes. Se habilitan profesionales en exceso, provocando la devaluación de la oferta médica y una distribución caprichosa que da como resultado localidades carentes de atención médica y otras con un médico cada 150 habitantes, como en la Capital Federal."

Según Agrest, es indispensable corregir las deficiencias de las facultades de Medicina y las carencias del hospital público, evaluar los servicios asistenciales de obras sociales y el sector privado y tener un censo actualizado del número de médicos y su distribución.

Por Carmen María Ramos
Para LA NACION

 

El lunes próximo / Ingeniería

 

Misceláneas

 

  • La Oficina Panamericana de la Salud recomienda un médico cada 700 habitantes. En la Argentina hay uno cada 330 en los principales centros urbanos y uno cada 150 en la Capital Federal, mientras que en varias regiones del país se encuentra apenas un médico cada 100 o 200 km2.

 

  • Cecilia Grierson fue la primera médica argentina y la primera mujer que obtuvo un título universitario en América del Sur. Egresó de la UBA en 1889. Otro gran médico argentino fue Francisco Javier Muñiz, recibido en 1822 y fallecido en 1871 combatiendo la epidemia de fiebre amarilla. El sitial número 1 de la Academia Nacional de Medicina lleva su nombre.

 

  • En el país hay 26 facultades de Medicina. De ellas, 24 otorgan el título de médico y dos -la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad Nacional del Nordeste, con sede en Corrientes- otorgan el título de médico cirujano. Diez son estatales y dieciséis, privadas. Solamente en la Capital Federal hay seis facultades de Medicina y en la ciudad de Mendoza, tres.

 

Experiencias

 

Isaac Rivero
Ex decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuyo

 

"Habría que plantearse qué hacer con la salud. De esta pregunta saldría la necesidad de un plan integral que tuviera en cuenta la desigualdad de acceso a los servicios."

 

Alberto Agrest
Miembro de la Academia Nacional de Medicina

 

"El Ministerio de Salud matricula a los graduados sin evaluar su capacidad, y la habilitación profesional ocurre sin atender a las necesidades de la población. Se habilitan profesionales en exceso."

 

Adriana Caillon
Integrante de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria

 

"Para asegurar la formación de un médico con capacidad para la atención, los estándares de acreditación exigen que los alumnos realicen 1600 horas de práctica."

 

Carlos Hernández
Presidente de la Asociación Médica del Hospital de Clínicas

 

"Desde 1990 hasta hoy se perdieron 8000 puestos médicos en relación de dependencia en empresas del Estado que cayeron o se privatizaron.".

 

http://edant.clarin.com/diario/2003/04/01/s-03015.htm

INFORME ESPECIAL | PROBLEMAS CARDIACOS, HIPERTENSION, ULCERAS, SON ALGUNOS DE LOS TRASTORNOS MAS FRECUENTES
Los médicos sufren cada vez más estrés y enfermedades
Trabajan más precariamente. Están expuestos a situaciones de violencia. Las presiones pueden llevarlos al agotamiento y la drogadependencia.
Sibila Camps
Los médicos argentinos, como sus colegas en el resto del mundo, conocen a fondo las ventajas de una vida saludable, pero muchos hacen todo lo contrario. Suelen contagiarse de sus pacientes. Están expuestos a numerosos y graves accidentes de trabajo. Son propensos a las adicciones. Cuando les toca a ellos se automedican y resultan ser malos pacientes. Y cada vez más sufren de estrés, debido a las malas condiciones laborales y a la situación socioeconómica que afecta a la mayoría de los enfermos que atienden.

"El médico empieza a cuidar más su dieta, porque la población en general habla más del tema", señala el presidente de la Asociación de Médicos Municipales, Jorge Gilardi. Admite sin embargo que entre sus colegas abundan los casos de sobrepeso y que no prestan suficiente atención a los riesgos del colesterol.

El titular de la Fundación Cardiológica Argentina, José Martínez Martínez, recuerda la encuesta realizada en 2000 durante el congreso de la Sociedad Argentina de Cardiología: tres de cada diez especialistas fuman, mientras que en los Estados Unidos lo hace apenas el 4 por ciento.

"Se calcula que la proyección de vida de un médico es entre el 5 y el 8 por ciento inferior a la de quienes se dedican a ocupaciones menos estresantes", señala Gilardi. Si bien no se dispone de estadísticas, afirma que existe un índice importante de patologías cardiovasculares. "Pero en nuestra profesión no hay conciencia de estas patologías", observa.

El doctor Héctor Nieto, titular del posgrado en medicina del trabajo de la UBA, apunta que lo mismo ocurre respecto del riesgo de accidentes y de las enfermedades contempladas en la ley 24.557. "Somos vulnerables a cuanta infección ande dando vueltas por ahí: tuberculosis, hepatitis, VIH/sida, citomegalovirus", enumera. A ellas se suma una larga lista de patologías causadas por radiaciones, gases anestésicos y agentes esterilizantes.

En el hospital Piñero funciona el único grupo en un hospital público que estudia la salud de los trabajadores, sobre todo la de los del área salud. Sus estadísticas muestran una amplia gama de accidentes, desde pinchazos y cortes con riesgo de contaminación, hasta caídas de tubos de oxígeno. Sin embargo, los empleados del Gobierno de la Ciudad no cuentan con una ART (Aseguradora de Riesgos de Trabajo), como lo exige la ley.

Pero es el estrés, recalcan todos los médicos consultados, lo que más los afecta, y cada vez en mayor medida. Un proceso con alteraciones físicas, psicológicas y de conducta que puede desencadenar en hipertensión, problemas cardíacos, úlcera, angustia, agotamiento, drogadependencia, y adicción al cigarrillo o al alcohol, entre muchas otras manifestaciones. Cuando se hace crónico, puede derivar en el síndrome de burnout, una enfermedad específica de los médicos y de otras pocas profesiones (ver El "burnout"...).

Por la índole de su tarea, los más susceptibles al estrés siempre fueron los que trabajan en guardia, terapia intensiva, unidad coronaria, cirugía, neonatología, cardiología y pediatría. Además, la mayoría de los médicos padece las consecuencias de los horarios irregulares y de las guardias extenuantes y sin fundamento científico, de 24 hasta 36 horas seguidas.

"Hace 25 años, cuando el estrés no se medía y siendo residentes hacíamos las historias clínicas, poníamos que el paciente tenía estrés si estaba más nervioso que nosotros —recuerda el presidente de la Sociedad Argentina de Medicina del Estrés, Daniel López Rosetti—. Desde entonces y sobre todo en los últimos años, el país se ha complicado enormemente. Se acabó la época de 'mi hijo el doctor'".

Hay unanimidad en las causas por las cuales el estrés los roza a todos. Los bajos salarios, que los obligan a tomar varios empleos, con horarios agotadores. La pre cariedad laboral en el sector privado, que ha convertido a muchos en prestadores, que recién cobran a los 60 o 90 días. Las demandas de sus patrones. Los temores a ser víctimas de la "industria del juicio" y ser acusados por mala praxis. Y esto alcanza a la mayoría de los 10.000 médicos de hospitales de la Capital, pero se hace aún más crítico en el interior del país.

Además, los médicos ya no son inmunes a lo que les pasa a sus pacientes. "Hubo un gran aumento de población vulnerable —la de menores ingresos salariales y menor escolaridad—, que se enferma antes, se enferma más, se atiende menos y se muere más", sintetiza el presidente de la Fundación Cardiológica.

"En la actual crisis sanitaria, la peor de la Argentina, atendemos a pacientes cada vez más exigentes, para devolverlos al mismo contexto que los enfermó", interpreta el sanitarista y sociólogo José Carlos Escudero, profesor en la UBA y en otras universidades.

El cirujano Marcelo Muro agrega otro motivo de angustia: "la frustración que produce recetar un remedio y saber que el paciente no lo va a comprar". Muro, quien fue durante varios años director del SAME, suma otro factor de incertidumbre, sobre todo en guardias y auxilios: la violencia (ver Asaltos...).

El deterioro del hospital público, mayor en las provincias que en la Capital, también pone tensos a los médicos. "¿Cómo esperar buenas prestaciones, si los que las dan no están en buenas condiciones? —objeta Nieto—. Esto significa un peligro para la población".

Pero el doctor Mario Rípoli, docente de pediatría en la UBA y a cargo de un centro de salud en una villa porteña, si bien admite "la proletarización de los médicos", la ubica en un contexto más amplio.

"¿Qué es más estresante: un médico que hace tres guardias semanales, o un hombre que perdió su trabajo y no puede dar de comer a sus hijos? El médico sufre por los mismos condicionantes que los demás. Pero —advierte Rípoli—, responsabilizarlo por los niveles de salud es tan dañino como erróneo. La prevención primaria, por ejemplo, implica nutrición, vivienda, educación, recreación, y eso escapa al campo específico de la salud".

En cierto modo, el doctor Gilardi coincide con él: "El otro día, una médica me decía: 'Muchas veces atiendo a la gente de lo mismo que me pasa a mí'".

 

http://www.lanacion.com.ar/1492404-la-formacion-de-los-medicosen-tela-de-juicio

La formacion de los medicos en tela de juicio

Los pacientes se quejan, las universidades se cuestionan, los organismos del Estado revisan sus políticas y hasta los propios médicos expresan una sensación de promesas incumplidas: mientras el cuidado de la salud escala posiciones entre las preocupaciones individuales en la Argentina de hoy, la formación de los recursos humanos del sistema sanitario está cada vez más en tela de juicio.

Aunque el diagnóstico sobre la calidad de la formación de los más de 5400 médicos que anualmente egresan de las 32 facultades de medicina que existen en el país varía de acuerdo con apreciaciones personales, existe una sugestiva coincidencia en que es imperioso mejorarla y adaptarla a las necesidades de un escenario cambiante.

Esta inquietud se respira en el ambiente y hasta impulsó la creación de un foro de facultades públicas de medicina (donde se gradúa el 85% de los médicos) para discutir el perfil del profesional que se impone desarrollar en el siglo XXI.

"Hay una crisis por el ritmo acelerado de las innovaciones, por los cambios en el conocimiento y en las enfermedades -dice el ex ministro Ginés González García, que junto con Claudia Madies y Mariano Fontela acaba de presentar el libro Médicos, la salud de una profesión (Ediciones Isalud

iRojo Editores, 2012)-. Antes uno tenía que enfrentarse con algo que se curaba en una semana o el paciente se moría. Hoy predominan las enfermedades ?crónicas y hay que cuidar a ese paciente durante veinte años. Durante mucho tiempo pensamos en la reforma organizativa de los sistemas de salud (que es importante, pero no es central). Creo que nos equivocamos. Nos olvidamos de la gente que está adentro. La Argentina no necesita más médicos, sino mejores médicos."

Para el secretario de Políticas, Regulación e Institutos del Ministerio de Salud de la Nación, Gabriel Yedlin, nuestros médicos son "buenos" y "por eso son apreciados internacionalmente", para el doctor Gerardo Bozovich, director médico de la Fundación Favaloro, la excelencia de la medicina argentina "es un mito hasta que se demuestre lo contrario".

"Es preocupante que haya poca vocación por la formación médica continua y la validación a lo largo de décadas de actuación profesional -dice Bozovich-. Hay que someterse al juicio de los pares. El médico debería sentir el estímulo de «recertificarse», pero como no es obligatorio y no le afecta la remuneración ni el acceso al trabajo..."

La recertificación exige realizar actividades académicas o de investigación (por las que se obtiene un puntaje que se suma durante cinco años) o dar un examen para revalidar conocimientos ante el comité ad hoc de la Asociación Médica Argentina. "Sin embargo, los médicos que cumplen con ese procedimiento apenas rondan el 30%", dice Bozovich.

Entre otras, una de las principales preocupaciones que agitan las aguas, aquí y en otros países, es la rigidez de las tradiciones y de las organizaciones médicas. "La generación que hoy dirige las instituciones educativas y de salud se formó en el hospital y con el paciente internado -dice Mario Turin, director del Instituto Universitario Cemic, donde anualmente se entrenan 35 residentes en 16 especialidades-. Sin embargo, hoy es necesario un enfoque preventivo, basado en el control de los factores de riesgo. Otro desafío es lograr que los estudiantes participen en la medicina comunitaria, tanto en el grado como en el posgrado: ya no pueden esperar al paciente en el consultorio, tienen que salir, estar expuestos a otras realidades."

Cambios sociales

Si es cierto que la sociedad cambió más rápido que los programas universitarios, también lo es que variaron los marcos institucionales en los que los médicos se desempeñan, y que esto exige una profunda transformación cultural. "Tenemos que avanzar hacia un modelo de «equipo de salud» -dice Yedlin-. Hay muchas tareas que tradicionalmente realiza el médico, pero que podrían ser cumplidas por enfermeras u otros especialistas. Pero para esto, el médico tiene que desplazarse del lugar central que siempre detentó."

En la ecuación del entrenamiento, otro de los términos que se considera vital resolver es el acceso a las residencias hospitalarias.

Considerado el "gold standard" en la formación de los profesionales de la salud, en la Argentina su oferta es deficitaria y la demanda, muy desigual según las zonas. El Ministerio de Salud de la Nación ofrece 2570 cargos en todos los años de residencia (que varían entre tres y cinco). Para valorar los sesgos de distribución, baste con mencionar que en la ciudad de Buenos Aires se ofrecen este año 850 cargos... ¡para 6000 postulantes!

"El número de vacantes es muy inferior al de médicos graduados -opina Bozovich-. Pero el error no está en las residencias sino en las universidades: en otros países existe un elitismo, no basado en los medios económicos, sino en la meritocracia del esfuerzo y la capacidad. La medicina no es una profesión masiva ni popular, sino de una élite intelectual y de compromiso."

Para la doctora María Isabel Duré, directora nacional de Capital Humano y Salud Ocupacional, el escenario es más complejo, "dado que muchas veces las becas están disponibles, pero en áreas a las que los médicos no están dispuestos a desplazarse -afirma-. En la zona central egresan anualmente 4000 médicos y los jóvenes optan por quedarse cerca del lugar donde se gradúan. A veces, por razones que van más allá de los incentivos económicos (la carrera les lleva muchos años durante los cuales se casan, tienen hijos...). En otros casos se ofrecen, por ejemplo, residencias en medicina comunitaria y los aspirantes eligen cirugía plástica o anestesiología..."

Bien común

"En la Argentina todo es voluntario: la elección de la carrera, de la especialidad, del lugar de trabajo... Y no está mal -agrega Yedlin-. Pero hay que generar sistemas que favorezcan el bien común y facilitar el acceso a la carrera en lugares distantes, donde los estudiantes también puedan ejercer la profesión."

El doctor Roberto Iérmoli es más optimista. Director de docencia e investigación del Hospital de Clínicas de la UBA, que ofrece 400 residencias de 36 especialidades, y con una enorme experiencia en entrenamiento de graduados desde hace casi 30 años, considera que la formación de los médicos argentinos "es muy buena".

"No sólo en América latina, sino también en Europa, la opinión unánime es que la formación que impartimos es excelente -afirma-. Es cierto que antes la enseñanza se basaba en enfermedades y no en personas. Hoy tenemos que adaptarnos a los cambios sociales. Hemos ampliado nuestra visión, incrementando la formación en áreas ambulatorias, e incluso vamos a hacer extensión en barrios vulnerables. Además de un enfoque biopsicosocial, adoptamos una visión humanista. Son dos puntos esenciales para la construcción de una conciencia sanitaria."

Más allá de los sistemas informáticos, las tecnologías y la infraestructura, lo que en verdad inclina la balanza de la calidad en el cuidado de la salud son las personas. El médico y sus colaboradores. Es lo que viene ocurriendo desde los orígenes de esta disciplina que es una ciencia, pero sin duda también un arte.

DÉFICIT EN LA ATENCIÓN DE CHICOS Y DE ANESTESISTAS

Una reciente encuesta de la Alianza Argentina para la salud de la madre, el recién nacido y niño (Asumen), la Dirección Nacional de Maternidad e Infancia y la Sociedad Argentina de Pediatría, que contestaron unos 400 médicos y enfermeros, arrojó un balance negativo de la especialidad que se ocupa de los más chiquitos.

Entre las deficiencias, ellos destacaron que existe una "mala distribución de los médicos, falta de enfermeras de hasta el 50% en los planteles, desigualdades salariales y de formación, y una enorme cantidad de maternidades muy pequeñas que no cumplen requisitos mínimos".

Aunque según el doctor Gabriel Yedlin, "si se toman en proporción al número de partos, en la Argentina hay más neonatólogos que en Canadá", el 77% de los encuestados opinó que su calidad es deficiente, que hay que mejorar la formación del recurso humano (93%) y regionalizar los servicios de neonatología según niveles de complejidad en la atención (90%). Tanto Yedlin como la doctora Duré concordaron con las propuestas realizadas por las instituciones en cuanto a que los recién nacidos sanos deberían ser asistidos por los pediatras.

Otra especialidad en la que se registra escasez de profesionales es la anestesiología. ¿Cómo pueden faltar anestesiólogos si esta área es la que encabeza los pedidos de cargos para residentes (con el 14% del total) en el nivel nacional?

Según explica Yedlin, allí el problema surge de las restricciones de las propias asociaciones de anestesiólogos. "Aunque los cargos están, son ellos los que, con el argumento de que no quieren deteriorar la excelencia de la formación, establecen un cupo más allá del cual no aceptan residentes", dice. Y agrega que desde el Ministerio de Salud se está intentando acordar un aumento de cargos..

http://old.clarin.com/diario/2007/07/22/sociedad/s-04215.htm

Emergencia en el sistema de salud: faltan camas y recursos
La deficiencia es tanto en el sector privado como en el público. Entre las causas está el cierre de sanatorios. Ante las esperas, denuncian que hay más agresiones a los médicos. Para una cirugía se dan turnos para 2009.

Valeria Román
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El olor nauseabundo ya espanta al entrar en el hall central del Hospital Posadas, en la localidad bonaerense de Haedo. Después, sobrevienen las corridas de malabaristas de médicos y enfermeros. Las camas de internación están ocupadas. Y las camillas de las guardias ya no alcanzan: durante las semanas pasadas, hubo hasta tres bebés con bronquiolitis en una sola camilla o sobre las faldas de los padres sentados en bancos. En la sala de adultos, cuatro pacientes comparten espacios de tres por tres metros.

Es la situación de desborde de un hospital público (con un edificio de más de 50 años en evidente deterioro). Pero no es la única institución de salud que sufre. Gran parte de los hospitales públicos y privados están también saturados de pacientes y sin camas disponibles, desde que se desataron en mayo los brotes de bronquiolitis (que afecta a los menores de 2 años) y de otras infecciones, como la neumonía.

Los centros hospitalarios de la Argentina pasaron a ser de "cama caliente": sale un paciente y arriba otro. Pasa tanto en los centros de internación más elegantes, como el Sanatorio de la Trinidad del barrio porteño de Palermo, como en el Hospital Angel Padilla de San Miguel de Tucumán. Aunque con ciertas diferencias: en el hospital público tucumano, muchos de los pacientes quieren permanecer porque, al menos, allí encuentran comida.

El miércoles, el ministro de Salud de la Nación, Ginéz González García, y su par de la ciudad de Buenos Aires, Alberto De Micheli, salieron a reconocer que el sistema de salud atravesaba un momento de "tensión". Los ministros, incluyendo también al de la provincia de Buenos Aires, Claudio Mate, insisten en que, aun con las demoras, no dejan a nadie sin atender y que es mejor que la gente vaya a los hospitales, en lugar de quedarse en la casa y que el cuadro se agrave.

La demanda incesante de los pacientes puso en evidencia las deficiencias crónicas del sistema de salud. Los llamados a los servicios de emergencias aumentaron, pero los médicos pueden tardar 10 horas o más en acudir. Cuando los pacientes no encuentran cama, se los mantiene en la guardia o se los deriva a otros hospitales. Porque no hay camas o porque no hay médicos. Como ocurrió en el hospital materno-infantil Alende, en Lomas de Zamora, donde no hay pediatras en la guardia tres días por semana.

En la provincia de Mendoza, se declaró días atrás la emergencia sanitaria pediátrica (los casos de bronquiolitis aumentaron el 73% respecto del 2006). El fin de semana pasado, en Capital Federal se derivó a un paciente desde el Hospital Santojanni hacia el Sanatorio de la Trinidad, y otro desde el Penna hacia el Garrahan.

En tanto, el ministro Mate contó a Clarín que derivaron a chicos del Conurbano hacia un hospital de Azul, a 300 kilómetros. O también que tuvo que recibir pacientes desde el sector privado en un hospital público de Mar del Plata. "A veces, el traslado se torna inconveniente para las familias", reconoció.

A las idas y venidas por los hospitales, se le sumó la postergación de las cirugías programadas. En el Hospital Argerich, en el barrio porteño de La Boca, ya dan turnos de cirugías para 2008 y en el hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, para 2009. "Con suerte, si hay insumos, las cirugías se harán", comentó Abel Kohan Miller, jefe del departamento de urgencias en el Hospital Argerich.

El brote de bronquiolitis y los otros males del invierno (que vino con una ola polar fuerte) saturaron el sistema que viene en crisis. "Hay menos camas porque con la crisis del país en 2001 se cerraron clínicas y sanatorios y más gente va a los hospitales públicos porque perdió la posibilidad de tener una obra social o una prepaga", afirmó Jorge Coronel, de la Confederación Médica Argentina.

En cuanto a la cantidad de médicos, la tensión revela cierta "contradicción". "Se forman más de 4.500 médicos por año, pero 3.000 no pueden hacer la residencia. Por lo tanto -afirmó Jorge Eduardo Califano, autor del libro El financiamiento del sistema de salud argentino-, faltan buenos médicos que estén dedicados a cubrir vacantes". Y los salarios bajos tampoco atraen.

Según Jorge Gilardi, de la Asociación de Médicos Municipales de Buenos Aires, el horario de cierre temprano de los quirófanos; la falta de obras o la escasa actualización y reparación del equipamiento también conspiran contra la buena atención. Los pacientes están tan desesperados que muchas veces -dice- terminan atacando a los médicos.