CRUBA

Nota del diario Página 12 - Jueves 3 de Junio de 1999

 

Los que nos formamos por este sistema de residencias medicas sabemos que es la forma de aprendizaje más completa para las ciencias médicas en la actualidad.

El problema radica cuando se desvirtúa la formación en pos de transformar al joven médico en un mero "saca trabajo".

En los paises en vias de desarrollo existen buenas residencias que podrían ser mejores si se lograra cumplir con el objetivo real de las mismas que es simplemente la enseñanza, formación, protección del médico en formación.

 

El presente artículo es extraído del Suplemento Jóven del diario Página 12 de Argentina y refleja lo que pasa en estos sistemas de formación.

 

Veamos la nota

 

Una recorrida por los obstáculos que deben sortear estos nuevos profesionales, instruidos para todo menos para enfrentar la realidad de la salud en la Argentina. Doctores Jr. que no viven nada de lo que se puede ver en “ER” ni en “Chicago Hope”, cuentan cómo es entrar a trabajar en un hospital público, soportar la tensión de días que tienen 36 horas, luchar contra las carencias y aún así sobrevivir para curar.
TEXTO: BRUNO MASSARE

 

“Lo primero que te dicen cuando llegás acá es que se trabaja a cama caliente. Y enseguida te das cuenta de lo que eso significa. Que la cama no se va a enfriar cuando le den el alta a un paciente, porque al toque va a llegar otro que ocupará ese lugar.” El que habla es Mariano Fernández Acquier (26); uno de los tantos médicos residentes de hospitales. El lugar que eligió para “iniciarse” y especializarse no es precisamente un lecho de rosas: el Hospital Posadas es un gigante revestido de ladrillos marrones enclavado en el conurbano bonaerense, a unas pocas cuadras de la Villa Carlos Gardel, y que funciona como centro de derivación principal de toda la provincia de Buenos Aires.
El sistema de residencias médicas es casi la única alternativa que tiene un médico recién recibido para formarse en alguna especialidad y así poder ejercer su profesión. Suelen durar de 3 a 4 años y se realizan tanto en hospitales públicos como privados. Tras un exigente examen y a veces también una entrevista –el promedio general de la carrera es el tercer factor de decisión– una pequeña élite que actualmente no supera el 20 por ciento de los que egresan anualmente logra acceder a este “privilegio”, por el que cobran entre 700 y 1.000 pesos mensuales. Para el resto el panorama es sombrío: o bien optan por una concurrencia –una versión en negro de la residencia, ya que no se cobra nada por hacer casi el mismo trabajo de un residente– o de lo contrario las alternativas son: de médico de ambulancia, visitador a domicilio o el vestuario de un club con la sola finalidad de revisar los pies de los bañistas.

 


La mayoría de ellos está entre los 25 y los 30 años. Saben que el título de médico ya no los ubica en el pedestal de la sociedad y que aún menos les asegura un futuro. A la hora de elegir un lugar para hacer la residencia rinden en varios hospitales a la vez. “Siempre te puede tocar un mal día y un examen decide lo que será de tu vida durante los próximos años”, coinciden. Y una vez adentro la formación muchas veces tiene su precio. Una cantidad de horas de trabajo que puede superar cualquier límite legal, estrés, un sistema verticalista no exento de maltratos y una realidad del hospital público que golpea de cerca y poco tiene que ver con la de relucientes sanatorios que aparecen en las series de TV. Pensar en las vicisitudes de un George Clooney es solo una irrealidad más de la tele.
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Ya pasado el mediodía una fila de 20 personas, entre grandes y chicos, desemboca en la Guardia del Hospital de Niños. Sus rostros delatan que la espera ha sido larga y que probablemente se extenderá por varias horas. Alguien reparte unos volantes azules: “Unete a los fieles del Señor, ven a las charlas del Reverendo Annacondia” (¿Anna qué?). En un primer piso de paredes y azulejos blancos, Mariana Boragina está cerca de completar su primer año como residente y reconoce que recién ahora se siente segura frente a los pacientes. “Cuando empezás la residencia es la primera vez que atendés a alguien, antes sólo lo hacés ayudando a otro médico, pero nada más. Apenas entré me quería morir, estaba en la sala de internación y me sentía perdida, asustada. Y las guardias son lo peor. Una guardia puede significar estar despierta 36 horas, porque después tenés que seguir con tu jornada normal y entonces ya no sos la misma persona, te tiemblan las manos, transpirás y no atendés a la gente como deberías”, cuenta. “El problema de las guardias es que a veces estás muy solo a la hora de hacer algo, de todas formas están los residentes mayores y la responsabilidad recae sobre ellos”, dice Carlos Aveleira, que ya lleva un año de Clínica Médica en el Hospital Lanari, dependiente de la Universidad de Buenos Aires. “Al principio estaba aterrorizado, sabés que un error tuyo, algo que hacés o dejás de hacer puede terminar en sanciones o hasta en un juicio. Y encima acá te explotan con las guardias, no puede ser quedurante los primeros meses sean día por medio, nosotros somos médicos y sabemos que nadie puede soportar ese ritmo de trabajo”, se indigna Carlos.

Emiliano Maranesi tiene 26 años y lo suyo es la cirugía. El lugar: el Hospital Méndez, más conocido como el IMOS, bastión del peronismo sindical que atiende a 300.000 empleados municipales en su edificio del barrio de Caballito. “El de las residencias es un régimen muy verticalista. En primer año estás para lo que se necesite, tenés que hacer de enfermero, de camillero, esterilizás instrumental y sos una especie de comodín que sirve para llenar los baches. Pero en otros lugares es peor todavía. En el Clínicas te tratan mal, y si te equivocás en algo, además de los gritos, puede ser que el castigo sea que te dejen de guardia toda la noche.” Los hospitales universitarios son señalados como los lugares donde el trato suele ser más áspero. En una tarde soleada y ocre de otoño, el frente del Hospital Lanari se viste con carteles y viejas sábanas en las que se lee “No al recorte presupuestario” y “Hospital cerrado por recortes”. Según Carlos, “es un sistema un poco perverso, porque en general el que quiere hacer una residencia está dispuesto a soportar muchas cosas que no se justifican, desde tareas que no te corresponden hasta malos tratos. Cuando te equivocás se encargan de hacértelo sentir, a pesar de que se supone que te estás formando. Mucha gente ve las series de televisión y se cree que acá es igual. Pero en este hospital casi no podés pensar o analizar el caso, porque cuando llegás a ver al paciente todavía no se le hicieron análisis ni radiografías y vos terminás encargándote de todo eso”.
Mariano (Hospital Posadas) al igual que sus compañeros de residencia -son 16 en total– no alcanzaba a terminar sus tareas durante los primeros meses. La solución que encontraron no fue la ideal pero no había otra alternativa. “Como trabajábamos lento y encima la cantidad de gente cada vez era mayor nos quedábamos a dormir acá, ya que se hacían las 10 o las 11 de la noche y todavía teníamos cosas para hacer. El problema es que al otro día es tu día de guardia y entonces te das cuenta que no vas a salir nunca más de ahí. Se hace bastante difícil, por eso a pesar de todo lo que te da una residencia como profesional, mucha gente renuncia. Es común escuchar frases como ‘me quiero ir de este hospital, quiero ver el sol’ o ver a chicas llorando en los pasillos. Entrás de golpe en un mundo que no conocés, no sabés donde estás parado y el ritmo de trabajo te puede llegar a enfermar.” Y sigue: “La facultad no te prepara para esto. Los planes de estudio son anacrónicos y no tienen nada que ver con la realidad. Si no hacés una residencia o una concurrencia no podés poner un consultorio porque vas a hacer un desastre. A medida que vas avanzando en esto te das cuenta de cuánto no sabés. Y eso te pega, lo vivís con una tensión que hace que no quieras que ingresen pacientes. Y si te llaman porque un paciente se complica, porque no respira bien, estás tan alienado que te dan ganas de matarlo”.
La singular arquitectura del Hospital Garrahan resulta algo sombría en la noche de un jueves. Hace frío y las sillas naranjas de la guardia están casi todas ocupadas. Tras una recorrida que atraviesa futuristas túneles, pasillos y escaleras se puede llegar hasta el comedor de los médicos. Allí está Hernán Rowensztein (27); residente de Clínica Pediátrica de uno de los hospitales más prestigiosos del país. “Los primeros pacientes son siempre difíciles, uno llega con la formación puramente teórica de la facultad y tenés que consultar a cada rato. Sobre todo porque acá llega cualquier cosa: desde un catarro hasta una meningitis. Por suerte estamos muy contenidos, siempre hay un médico a quien recurrir y el trato es bastante bueno, a diferencia de otros lugares”, remarca. En otros hospitales la experiencia no fue tan buena: “cuando hacía unas prácticas como estudiante en un hospital de Haedo, me quedaba solo en una guardia, acompañado únicamente por residentes. Es una zona muy caliente y todos los días recibíamos baleados o accidentados por choques. Recién ahora tomoconciencia de lo que era eso, faltaban cosas básicas y yo hacía muchas barbaridades”.
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Una sensación común a la mayoría de los nuevos médicos es ese sentimiento contradictorio entre el miedo y las ganas de aprender. “Por un lado querés formarte, adquirir experiencia y probarte a vos mismo, pero a la vez tenés tanto miedo que preferís que no se dé la oportunidad”, cuenta Carlos (Hospital Lanari). Mariana (Hospital de Niños) relata una historia triste que refleja ese golpe con la realidad: “Hacía poco que había entrado y me pusieron a cargo de una nena de 5 años que tenía una enfermedad crónica, de deterioro progresivo, tanto físico como mental. Ella fue empeorando durante varios meses hasta que falleció. Fue muy duro para mí todo ese tiempo, no estás preparado para algo así hasta que lo vivís”.
También está la posibilidad de hacer la residencia en un hospital privado, con sus correspondientes ventajas y desventajas. Mariano Trevisan (Hospital Español, Cardiología) reconoce que “estaba muy feliz cuando entré pero ahora que me encuentro en medio del baile estoy un poco saturado. En los privados no sufrís la burocracia que hay en los públicos, si tengo que hacer un pedido de laboratorio no tengo que llenar tres órdenes por duplicado. Pero lo malo es que trabajás al límite, porque contratan la cantidad justa de gente y tenés que luchar contra las presiones de una empresa. ¿En qué consisten? Las obras sociales y las prepagas pagan por un módulo de internación y cuando el paciente se queda internado más tiempo del previsto es pérdida para el hospital, entonces te presionan para que les des el alta. No debería ser así porque se está jugando con la salud de la gente”.
Falta de recursos, edificios en mal estado y un público que ya no se reduce a las “clases bajas” componen la escenografía del hospital público. Según Mariano (Hospital Posadas); “acá siempre faltan cosas: medicación, insumos, a veces no hay agujas. Pero eso pasa en la mayoría, al menos en el Gran Buenos Aires, donde podés encontrar hospitales recién inaugurados que se ven muy bien desde afuera, pero en donde yo no dejaría ni loco que me internen”. “En general viene gente muy humilde, también muchas madres jóvenes, que a veces dejan pasar varios días porque no tienen monedas para tomar el colectivo y traen a los chicos en un estado muy delicado. Por suerte se van de acá con los medicamentos, ya que los laboratorios donan una buena cantidad y además tenemos un banco de muestras al lado de la Guardia. A mí me asombra lo acostumbrada que está la gente a esperar, llegan a las 9 de la mañana y puede ser que estén esperando 3 o 4 horas en la cola hasta que los podamos atender”, cuenta Mariana (Hospital de Niños).
El Garrahan parece ser uno de los que escapa a la regla general. “Acá nunca falta nada, es uno de los hospitales mimados del Gobierno y un caballito de batalla para las elecciones”, comentan en el salón comedor. Según Hernán, “cada vez llega más clase media, gente que perdió su trabajo y entonces ya no tiene obra social y menos aún puede mantener una medicina prepaga. Eso te llama la atención porque gente humilde vino siempre, pero esto es algo nuevo”. Cuando se trata de hacer un balance, casi todos coinciden en que a pesar de los sacrificios que implica, la residencia es la única oportunidad que tienen para formarse. “Si sacaran las residencias y dejaran las concurrencias para no pagarle a nadie, igual vendría gente a especializarse. Esperemos que no se les ocurra, aunque el año pasado sacaron alrededor de 70 vacantes en los municipales”, informa Hernán. Según Carlos (Hospital Lanari); “se termina aprendiendo por la práctica diaria cosas que no te enseñan en ninguna facultad ni en ningún curso. Lo que me molesta es que muchos de los lugares que quieren reducir vacantesargumentan que nos da la posibilidad de aprender y encima nos pagan”. Y se indigna: “Parece que nos estuvieran haciendo un favor”.

 

Ver Archivo del Escritorio de un Pediatra

 

 

 

La residencia es un sistema remunerado de capacitación de post-grado inmediato (o continuado) a tiempo completo con dedicación exclusiva. Lo que caracteriza a este sistema de formación es la práctica de la capacitación en servicio, esto es, desarrollar actividades asistenciales programadas y supervisadas en instituciones dependientes del Sistema de Salud del Estado. Esta capacitación se desarrolla en el ámbito intrahospitalario, como así también extramuro, en íntima relación con la comunidad a la que se dirige y en el marco de la Atención Primaria de la Salud, destacando aspectos de prevención y promoción de la salud.

Así, parto del concepto que son médicos residentes “aquellos que para obtener su título de médico especialista, permanecen internos en Hospitales y Unidades Docentes acreditadas, durante un período limitado de tiempo de práctica profesional programada y supervisada, a fin de alcanzar en forma progresiva, los conocimientos y la responsabilidad profesional necesarios para ejercer la especialidad de modo eficiente”.

Estos médicos comienzan su especialización como residentes de primer año R1 y avanzan sucesivamente en el desarrollo del programa de formación como R2 y R3 hasta completarlo, siempre que vayan superando satisfactoriamente la evaluación continuada que corresponde.-

En realidad al finalizar la residencia o concurrencia no se obtiene el título de especialista. Se otorga el certificado de “residencia o concurrencia completa”, que sirve como antecedente a la hora de obtener el título de especialista en el Ministerio de Salud de la Nación (sólo en el caso que la especialidad esté aprobada por dicho Ministerio, ya que no todas las residencias o concurrencias se corresponden necesariamente a una especialidad aprobada).

Un recorrido rápido por la historia de las Residencias nos muestra sus orígenes en las cátedras de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, con la influencia de profesores de gran talla y prestigio, quienes las fueron construyendo con sus propias experiencias nacionales e internacionales. Los aportes de conocimiento y las acciones profesionales de estos primeros docentes a la formación médica y la salud pública fueron reconocidos por la comunidad hospitalaria que aún hoy mantiene viva su memoria.[1]

Las Residencias germinaron con fuerza en la década de 1960, y luego transitaron por diferentes etapas y vicisitudes hasta llegar a este nuevo siglo. La autoridad responsable del Programa Nacional de Residencias del Equipo de Salud del Ministerio de Salud de la Nación se pregunta actualmente cómo normatizar las residencias del equipo de salud. Qué tipo de recursos humanos formar para dar respuestas a las necesidades de salud de nuestra sociedad y el perfil del egresado que necesita la comunidad.

En la dirección indicada los desafíos actuales están enderezados a la reformulación de las curriculas, la modificación de las estrategias, la optimización de la gestión en el marco de la economía de recursos, la profundización de la articulación intersectorial, en la prosecución de políticas coherentes, eficientes y eficaces; la trasmisión de los valores éticos, las actitudes humanitarias, la consideración del sufrimiento y el valor del proceso de aprendizaje que constituyó 'la mística' de las residencias de otras épocas.

En este marco, cobra sentido la necesidad de rescatar 'la escucha', la consideración y el interés humano en la relación médico-paciente.

Durante más de cuatro décadas el sistema de residencias ha formado médicos, odontólogos, bioquímicos, psicólogos, kinesiólogos, antropólogos, enfermeras y demás profesiones de salud. La formación en servicio ha sido y sigue siendo el método de capacitación por excelencia.

Sin embargo es un dato de la realidad que a través de las sucesivas crisis económicas, la salud –como otras actividades esenciales- se ha ido mercantilizando, con sobreofertas de especialidades que perjudican los ingresos de los profesionales y la atención de los pacientes, favoreciendo el crecimiento de la oferta privada de capacitación; mientras las residencias, concurrencias y otras formas de capacitación como las becas, pasantías y adscripciones a los servicios corren serios riesgos de contribuir a nuevas formas de flexibilización del trabajo, precarización de los salarios y fomento del trabajo gratuito en tanto única alternativa de entrada al sistema.

Entonces, desde una perspectiva docente el desafío hoy parece consistir en la redefinición de las residencias, que debería alcanzar en sus efectos también al sector educativo, a través de la implementación de políticas que adecuen la oferta a las necesidades del país y de sus sistema de salud.

Los interrogantes también se vinculan con el grado de cumplimiento de la normativa vigente, de horarios, guardias, espacios de reflexión, de estudio, de investigación, de evaluación y de descanso. Sin olvidar que la calidad de las condiciones de trabajo hace no solamente a la salud de los residentes, sino también a la calidad de la atención de salud de los pacientes.

En el Nordeste las Normas Reglamentarias para las Residencias Post Básicas de Salud en Establecimiento Hospitalarios de las Provincias de Corrientes, Chaco y Misiones están contenidas en el Anexo de la Resolución Nº 418/04 del CD de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Nordeste.

En la Provincia del Chaco la normativa regulatoria está establecida a través el Sistema de Capacitación Médica Provincial, anexa al Decreto del Poder Ejecutivo Provincial nº 178/84.-

El equipo del sistema de residencias médicas está compuesto por un Jefe de Servicio, un adjunto a cargo, médicos de planta, jefe de residentes, instructores y residentes con distintas categorías. Los residentes carecen de autonomía para prescribir, ni dar de altas, ni ingresar pacientes, ni decidir tratamientos, ni disponer estudios y análisis. El jefe de residentes realiza funciones de vínculo entre los médicos de planta y los residentes, desempeña funciones académicas, a través del dictado de clases; indica y fiscaliza todo lo pertinente al manejo de los pacientes internados.

Además, los pases diarios a los que asisten todos los residentes, consisten en la evaluación y control por parte del jefe del servicio, médicos de planta por el jefe de residentes y del instructor de la evolución clínica, indicaciones, solicitud de estudios de cada paciente internado.

La norma provincial prenotada es clara en la enumeración de funciones y obligaciones de los médicos residentes.

En efecto, de acuerdo a ella es deber del mismo a) Tener a su cargo la responsabilidad de los pacientes que les sean asignados para su atención médica, supervisado por el docente asignado a tal fin (instructor, jefe de residentes, coordinador docente, Jefe de Sala......) c) Confeccionar la Historia Clínica del enfermo dentro de las doce horas siguientes a la internación, con un resumen, impresión diagnóstica, planes diagnóstico y terapéutico y exámenes básicos e) Transcribir en las Historias Clínicas las alternativas de la evolución, tratamientos......Esto debe acompañarse de los exámenes de laboratorio y radiológicos correspondientes.....Las Historias Clínicas y anotaciones diarias deberán llevar la firma del Médico Residente........f) Realizar un resumen de la Historia Clínica (epicrisis) dentro de las 24 horas del alta..........El mencionado resumen será leído por el docente a cargo. Quien estará facultado para realizar las modificaciones que crea conveniente g) Realizar pases de sala, acompañado por el docente asignado y por los médicos del plantel hospitalario, siendo su obligación realizar la presentación de los nuevos casos internados y comunicar novedades.......en los pacientes que hallaban a su cargo. H) Seguir las indicaciones de sus superiores en todo lo referente al mejor cumplimiento del aspecto técnico de su función i) Realizar las indicaciones terapéuticas, las maniobras diagnósticas, los pedidos de análisis, etc. relativos a sus pacientes, previa consulta con el docente a cargo j) Observar que cada uno de los pacientes cuente con las series de análisis de laboratorio y radiográfico que el mismo pidió........y que se efectúe la interconsulta solicitada.......ñ) Consultar obligatoriamente frente a un problema diagnóstico o terapéutico y en todos los casos en que la gravedad del paciente así lo exija.......entre otros.

Es una regla que estos profesionales en formación, también prestan servicios en vinculados por el correspondiente contrato de trabajo.

Es decir que el residente colabora en las tareas asistenciales del hospital,   sin perder de vista que la verdadera finalidad que justifica su presencia en el centro sanitario es la de su formación y perfeccionamiento en la especialidad elegida.

De la naturaleza mixta del contrato, se extraen las distintas vinculaciones del médico residente que trabaja en un hospital cursando sus estudios de especialización, a saber:

a)      La relación médico-paciente, enmarcada en las tareas permitidas, supervisadas por el equipo responsable.

b)      La relación médico residente-médico instructor, jefe de residente-jefe de servicio-Ministerio de Salud Pública, o institución de quien depende.

Esta dependencia, configura un supuesto de responsabilidad[2], que pone en cabeza del centro docente, es decir,  del Hospital Público y por ende del Estado Provincial, la obligación de hacerse cargo frente al damnificado de las consecuencias dañosas de los hechos cometidos por su dependiente y el deber jurídico de repararlas.

Al respecto la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial, Sala I ha sostenido  la existencia de una obligación de resultado que es la consistente en asegurar por parte del establecimiento médico de una atención adecuada, es decir que el Hospital, Sanatorio o Clínica cuente con los medios personales y materiales que las circunstancias exijan. Esta responsabilidad recae sobre el ente prestatario y descansa sobre “la obligación tácita de seguridad” que funciona cono accesoria de la obligación principal de prestar asistencia por medio de los facultativos del cuerpo médico[3].

A su vez el jefe del equipo responsable del médico residente, -sin cuya supervisión este no puede actuar- también es susceptible de incurrir en el supuesto de responsabilidad [4]

Esta consecuencia constituye una derivación de la relación vertical  - de subordinación- del médico residente respecto de su principal, tutor, o responsable.

El jefe del equipo y los miembros que lo integran con mayor jerarquía del residente desarrollan la principal función de instrucción, coordinación, control y vigilancia de las actuaciones de su subordinado y responden por él.

En cuanto al médico residente, de su situación particular y de su falta de autonomía para adoptar decisiones personales frente al paciente, se colige que para clarificar y determinar su responsabilidad civil es preciso atender a dos supuestos diversos:

a)      La situación generada por el residente que actuó dentro de sus funciones.

En este supuesto, si el daño se produce por falta de vigilancia, asistencia o dirección del tutor, instructor o jefe, la responsabilidad no recae sobre el residente sino sobre quien debió dirigirlo[5]. En las III Jornadas de Responsabilidad Civil y Penal de los Médicos, organizadas  en el Colegio de Médicos de Madrid, se ha sostenido que "si el especialista no acude a la demanda de supervisión del residente, recaerá sobre él la responsabilidad, salvo si la desasistencia se produce porque el hospital no ha dispuesto los medios necesarios para garantizar esa tutela. En este último caso corresponderá al centro hospitalario".[6]

b)      Es diferente la situación que se genera a partir de la extralimitación del médico residente. Ya sea por llevar a cabo por su cuenta una intervención que según su programa y año de formación no le estaba permitida; ya sea por actuar sin respetar o consultar, o esperar las indicaciones o el apoyo de su tutor, instructor o jefe.

Los daños generados en tales condiciones son de su exclusiva responsabilidad.

c) Finalmente, un supuesto excepcional podría configurarse cuando –si bien existe extralimitación por parte del residente- también existe necesidad y urgencia de actuar.

Siendo a todas luces inadmisible que la entidad del servicio quede -en cualquier situación o por cualquier motivo-, a cargo de un médico residente en formación, es decir, sin el respaldo técnico de un instructor, tutor o jefe, salvo el caso de dolo, la responsabilidad se desplazará, según el caso, al hospital y/o al equipo que incumplió con la función de cobertura adecuada.                                                        

Amanda Estela KeesUNNE

 



[1]Cfr.  Lic. Liliana López Val Responsable del Programa Nacional de

Residencias del Equipo de Salud Dirección Nacional de Políticas de Recursos Humanos en Salud Ministerio de Salud de la Nación

[2] Cfr. Art. 1113 del Código Civil, 1º pàrrafo

[3] Cfr. Expte. nº 6501/2000)

[4] por culpa in vigilando previsto en el párrafo 1º del art. 1113 del Código Civil.

[5] Esta fue la conclusión del fallo de la Sala I de la Cámara de Apelaciones de Resistencia, que eximió de responsabilidad al residente de primer año, que actuó dentro de sus atribuciones.

[6] Diario Médico: 18.06.99

 

Medicina (Buenos Aires) versión On-line ISSN 1669-9106 Medicina (B. Aires) v.65 n.4 Buenos Aires jul./ago. 2005

Percepción de maltrato durante la capacitación de médicos residentes

Raúl Mejía, Andrea Diego, María Alemán, María del Rosario Maliandi, Fernando Lasala

Programa de Medicina Interna General (PMIG), Departamento de Medicina, Hospital de Cínicas José de San Martín, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires.

Dirección postal: Dr. Raúl Mejía, Callao 875, 1023, Buenos Aires, Argentina. Fax: (54-11) 4851 3912. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Resumen
La presente investigación se realizó para estimar, según referencia de los médicos residentes, la frecuencia con que han sufrido situaciones de violencia, ya sea física, psicológica o sexual, durante su formación y establecer quiénes han sido los perpetradores de estos actos, dado que investigaciones previas sugieren que son frecuentes los maltratos durante ese período. Se entregó una encuesta anónima autoadministrada a todos los residentes de tres hospitales de Buenos Aires. Esta encuesta describía 13 situaciones de maltrato y 10 posibles perpetradores. Respondieron la encuesta 322 residentes (55% mujeres), el 72% correspondía a residencias de orientación clínica, el 22% a quirúrgicas y el 6% a diagnósticas. El 89% de los residentes refirió haber recibido algún tipo de maltrato señalando en promedio ocho ítems cada uno. No se encontraron diferencias entre los centros participantes. El 75% de los residentes refirió haber sufrido críticas por no realizar tareas administrativas, 64% haber recibido gritos, 57% haber sido humillado en público por sus errores, 13% haber sido amenazado con sufrir perjuicios físicos, 10% haber recibido comentarios no deseados de índole sexual, 7% haber sido expuesto a material de contenido pornográfico sin haberlo solicitado, 15% refirió haber sufrido golpes, empujones y 10% haber sufrido discriminación religiosa o racial. Los responsables del maltrato referidos con mayor frecuencia fueron: residentes superiores (26%), jefes de residentes (19%), médicos de planta (14%), jefes de sala (8%) y enfermeros (8%). Existe una alta prevalencia de maltrato dentro de la residencia, siendo los principales responsables los residentes de años superiores. Sería necesario un enfoque multidisciplinario para enfrentar este problema.

Palabras clave: residencia, maltrato, abuso, acoso sexual

Abstract
Perception of mistreatment during medical residency training. Because previous investigations show that mistreatment during residency is frequent we undertook this research to assess the prevalence of psychological abuse, physical violence and sexual harassment in residency training programs and the professional status of perpetrators. Through a literature review and a previous qualitative study we developed a self-administered questionnaire. Thirteen events that could be experienced by residents and ten possible perpetrators were described in the questionnaire. Residents were asked to record whether they had experienced these events, at least once, and who was responsible. This survey was distribuided among the residents from three hospitals of Buenos Aires city. A total of 322 residents answered the questionnaire (55% women) 72% of whom worked in clinical programs, 22% in surgical programs, and 6% in diagnostic programs. Mistreatment was reported by 89% of the residents. On average each resident recorded 8 different episodes of mistreatment, such as being criticized for not completing administrative work (75%), being shouted at (64%), being humiliated in public (57%), sexual harassment (10%), being exposed to pornographic material without permission (7%), being hit or pushed (15%), suffering racial or religious discrimination (10%). The most common perpetrators were senior residents (26%), chief resident (19%), attending physicians (14%), and nurses (8%). Mistreatment and abuse are commonly experienced by residents in training programs. A multidisciplinary approach is needed to address this problem in the training environment.

Key words: mistreatment, abuse, residency, sexual harassment

La violencia en el ámbito laboral existe desde hace siglos, sin embargo recién en las postrimerías del siglo pasado, como consecuencia de la valorización social que adquirieron los derechos de las personas, las condiciones laborales comenzaron a ser estudiadas en los ámbitos académicos.
La formación médica ha sido considerada tradicionalmente ardua y exigente. En este contexto, tanto médicos como estudiantes de medicina son susceptibles de experimentar y cometer maltrato, acoso sexual y discriminación, pudiendo estos ser sutiles o evidentes1-5. La violencia en el ámbito de trabajo afecta negativamente la actividad del que la padece6, 7. En los países desarrollados a numerosas investigaciones se han centrado en el maltrato y el abuso en la formación médica, tanto de pre8, 9 como de postgrado. Estos estudios han hallado una prevalencia de maltrato que oscila entre el 60 y el 95% de los encuestados, según la definición utilizada10-14.
Aunque en nuestro medio no hay estudios sobre este tema, existen factores que sugieren que los médicos residentes se forman en una situación que podría predisponer al maltrato y al acoso sexual15, 16.
Definir la violencia en el trabajo es una tarea compleja debido a que, según la cultura o el momento histórico, una misma conducta puede recibir diferentes interpretaciones. Por esta razón, lo que para algunos es un trato normal en una relación laboral se vuelve para otros una conducta inadmisible y repudiable.
Se define al maltrato psicológico, o invisible, como aquel comportamiento que hace que otra persona se sienta herida, ofendida17, 18, desvalorizada o incompetente, e incluye gritos, insultos, o faltas de respeto. El maltrato físico incluye golpes y todo tipo de trato violento19. Se entiende por acoso sexual las propuestas sexuales no deseadas, demandas de favores sexuales y otras conductas verbales o físicas con contenido sexual que alteran o ponen en peligro cualquiera de los elementos que integran la relación laboral20, 21. Ejemplos de violencia laboral se mencionan en la Tabla 122, 23.

Tabla 1.– Ejemplos de violencia física y emocional en el trabajo23

La presente investigación se realizó con el propósito de estimar, según referencia de los residentes, la frecuencia con la cual han sufrido situaciones de violencia, ya sea física, psicológica o sexual, durante el transcurso de su residencia médica. Además se estableció quiénes habían sido los perpetradores de estos actos.

Materiales y métodos

La muestra se conformó con todos los médicos residentes del Hospital de Clínicas José de San Martín (HCJSM) perteneciente a la Universidad de Buenos Aires, del Hospital General de Agudos Dr. Ignacio Pirovano (H. Pirovano) perteneciente al Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Sanatorio Municipal Dr. Julio Méndez, perteneciente al Instituto Municipal de Obras Sociales (IMOS). Estos centros fueron seleccionados en forma conveniente, no aleatoria, con la finalidad de estudiar un centro universitario, uno municipal y uno de la seguridad social para aumentar la repre-sentatividad de la muestra y disminuir los costos de logística. Los residentes fueron divididos en categorías según el sexo, el año de residencia al que pertenecían y su orientación, pudiendo ser ésta clínica, quirúrgica o diagnóstica. La información se recolectó en una encuesta de respuesta anónima contestada por los residentes que aceptaran participar.
Para definir los ítems del cuestionario, en primer lugar se realizó una búsqueda bibliográfica en MEDLINE utilizando como palabras clave: residency, training, violence, sexual harassment, abuse, stress, discrimination y mistreatment. A continuación, de los artículos obtenidos se seleccionaron aquellos que habían utilizado encuestas y se solicitó a los autores una copia de las mismas. Luego, a partir de las conclusiones de una investigación cualitativa realizada con anterioridad, se terminaron de definir los dominios sobre los cuales se realizaría la investigación15. Por último, se realizó una prueba piloto entre ex residentes del HCJSM para evaluar la exactitud y comprensión del instrumento.
En el cuestionario se recababa el sexo, el año de residencia que se encontraba cursando, el hospital de origen y la especialidad; no se solicitaron más datos para evitar la posible identificación de los participantes. En lo referente a violencia, la encuesta describía 13 situaciones de maltrato y 10 posibles perpetradores, que conformaban un panel de 130 ítems. El residente señalaba el tipo de maltrato que había padecido sin detallar las veces que había sufrido esa agresión. A cada residente se le entregó un ejemplar de la encuesta y un sobre sin identificación externa, luego el residente debía depositar el sobre con la encuesta en una urna. Para calcular el tamaño de la muestra se estimó, con los resultados de otras investigaciones, una prevalencia de violencia sobre los residentes del treinta por ciento (0.3), se seleccionó un intervalo de confianza del 95% y una amplitud del intervalo de confianza del 10% (0.10); con estas premisas el tamaño muestral elegido fue 323 residentes.
Debido a la necesidad de garantizar la seguridad y el anonimato de los participantes, se utilizaron las recomendaciones éticas de la Organización Mundial de la Salud para investigaciones sobre violencia basada en género24. De acuerdo con éstas no se solicitó la firma del consentimiento informado y la sola participación fue considerada como consentimiento, ya que el residente tenía la posibilidad de entregar la encuesta en blanco sin correr el riesgo de ser identificado. El protocolo fue aprobado por el Comité de Ética del HCJSM.

Resultados

De un total de 421 residentes respondieron la encuesta 322; el porcentaje de respuesta fue del 76%. Ochenta y nueve residentes no se hallaban disponibles por estar de vacaciones o cumpliendo rotaciones fuera del hospital, diez residentes se negaron a responder la encuesta, de los cuales dos pertenecían al servicio de dermatología del HCJSM (20% del total de residentes de dermatología) y ocho al servicio de cirugía del IMOS (10% del total de residentes de especialidades quirúrgicas) (Tabla 2).

Tabla 2.– Distribución por centro de los residentes participantes

La muestra estuvo constituida por 178 (55%) mujeres y 144 (45%) varones; 112 (35%) residentes se hallaban en el primer año de la residencia, 101 (31%) en el segundo, 67 (20%) en el tercero, 40 (12%) en el cuarto y 6 (0.5%) en el quinto. El 66% de los encuestados estaban en el primero o segundo año de la residencia. Doscientos treinta (71%) participantes pertenecían a residencias clínicas, 72 (22%) a residencias quirúrgicas y 20 (6%) a residencias de diagnóstico.
El 90% de los residentes refirió haber recibido algún tipo de maltrato, señalando en promedio cada uno 8 ítems diferentes. Es preciso tener en cuenta que, por las características de la encuesta, cada residente refirió haber estado en una situación de maltrato diferente al menos 8.2 veces aunque puede haber sufrido el mismo tipo de maltrato por el mismo perpetrador en más de una oportunidad. En la Tabla 3 se describen los diferentes tipos de maltrato sufrido por los residentes.

Tabla 3.– Frecuencia con la cual los residentes sufrieron distintos tipos de maltrato.

Los residentes reconocieron como perpetrador, en primer lugar a los residentes de años superiores, a quienes responsabilizaron del 25% de los episodios de maltrato, luego a los jefes de residentes (19%), a continuación a los médicos de planta (14%), los demás perpetradores se mencionan en la Tabla 4.

Tabla 4.– Perpetradores reconocidos por los residentes

No se encontraron diferencias estadísticamente significativas en la prevalencia global de maltrato entre los diferentes centros encuestados. Los residentes de especialidades quirúrgicas refirieron sufrir con mayor frecuencia críticas por no realizar tareas administrativas (p = 0.014), aplicación de guardias como castigo (p= 0.000), privaciones para cumplir necesidades fisiológicas, como comer o dormir, violencia física y exposición a material pornográfico (p = 0.035). Los médicos pertenecientes a residencias de primer nivel (básicas) manifestaron haber sufrido con mayor frecuencia críticas por no realizar tareas administrativas (p = 0.001), aplicación de guardias como castigo (p = 0.028), humillaciones en público (p = 0.001), amenazas de perjuicios físicos, violencia física (p = 0.002). Por último las mujeres referían haber recibido comentarios de índole sexual con mayor frecuencia que los varones (p = 0.021) mientras que éstos habían sufrido faltas de respeto al trabajo realizado (p = 0.033) y comentarios discriminatorios acerca de su nacionalidad, raza o religión (p = 0.002).

Discusión

La presente investigación muestra que los residentes sufren maltratos en forma reiterada durante su formación. El 90% de los residentes refirió haber sufrido al menos una vez una situación de maltrato, y el promedio de los residentes refirió haber experimentado ocho situaciones diferentes de maltrato al menos en una oportunidad. Este nivel de maltrato es similar al encontrado por otros investigadores en los Estados Unidos de Norteamérica, el Reino Unido y Canadá5. Las formas de maltrato comprendidas dentro de la violencia invisible son las más frecuentemente comunicadas, aunque también refieren situaciones de abuso físico y acoso sexual.
El recibir críticas por no realizar tareas administrativas es la situación de maltrato referida con mayor frecuencia, ya que el 75% de los residentes informó haber sufrido esta situación al menos una vez. Si bien entre las tareas del residente se incluyen el completar formularios y volcar los resultados de los exámenes complementarios en la historia clínica, en el sistema actual el residente debe ir a los diferentes servicios a solicitar y conseguir resultados de exámenes complementarios o turnos para los estudios e interconsultas, todo dentro del estrecho margen de tiempo que le queda entre las múltiples recorridas de sala; las reprimendas recibidas cuando no logra cumplir con esas tareas son percibidas como maltrato.
Las faltas de respeto al trabajo realizado fueron informadas por el 58% de los encuestados y ocuparon el segundo lugar en el orden de frecuencia de las diferentes formas de maltrato. Según los residentes, los médicos responsables de supervisar sus tareas, a menudo las califican en forma despectiva, obligándolos a realizarlas una y otra vez sin considerar las difíciles situaciones en que debieron efectuarlas.
El 64% de los residentes refirió haber sido gritado alguna vez y el 23% haber sufrido violencia: la mitad bajo la forma de amenazas, el 25% como golpes y empujones y el resto mencionó haber sufrido otras formas de violencia física. Recibir gritos en el ámbito laboral es considerado una agresión mayor y merecedora de sanciones para el responsable22, 23; el ejercicio de otras formas de violencia no se justifica bajo ninguna circunstancia.
Las críticas humillantes en público fueron referidas por el 57% de los residentes. La residencia tiene una función primordialmente docente y es deber de los médicos con mayor experiencia marcar los errores para que el residente obtenga provecho de los mismos y preservar la salud de los pacientes, pero estas correcciones deben realizarse dentro del marco de respeto mutuo que se crea entre el docente y su pupilo. Cuando estas premisas no se cumplen las críticas no solo avergüenzan al residente sino que dañan su imagen frente a sus pares, las enfermeras y los pacientes a su cargo.
La imposibilidad de contar con tiempo para satisfacer necesidades elementales como dormir o comer adecuadamente fueron referidas por los residentes con una alarmante frecuencia (el 44% de los residentes señaló este ítem). Numerosas investigaciones han demostrado que el número de errores médicos se incrementa a medida que aumentan las horas de trabajo sin descanso25-33. En los países desarrollados, los residentes tienen limitada su actividad al día siguiente de una guardia y se ha reducido en forma significativa la carga laboral de los médicos en formación34-39.
La perniciosa costumbre de aplicar «guardias castigo» contribuye a deteriorar aún más el rendimiento profesional del médico residente, quien ya se encuentra al límite de su capacidad física por las razones antes mencionadas. Esta práctica fue referida por el 31% de los residentes y se utiliza con mayor frecuencia en las residencias quirúrgicas que en las clínicas; esto se repite en la mayoría de las situaciones de maltrato. La aplicación de “guardias castigo” es utilizada exclusivamente por los residentes superiores y los jefes de residentes y, como esta sanción no está considerada en el reglamento, son ellos quienes deciden a quién y por qué falta aplicarla, creando una situación de inseguridad en el residente y favoreciendo las arbitrariedades o revanchas personales por parte de los perpetradores.
El 17% de los participantes refirió haber estado expuesto a situaciones de abuso sexual, el 11% refirió haber recibido comentarios de índole sexual y el 7% haber estado expuesto a material de contenido pornográfico u ofensivo sin haberlo solicitado. Esta proporción es menor que la referida en los países de habla inglesa3 y podría explicarse por dos razones que no son excluyentes entre sí. La primera es que el 55% de nuestra muestra estuvo compuesta por mujeres y esta proporción desalienta las conductas sexualmente ofensivas de los varones, ya que al hallarse en minoría se exponen a la desaprobación del grupo de pertenencia. La otra razón está relacionada al distinto significado que tienen algunos comentarios de índole sexual en las diferentes culturas: un comentario que en los EE.UU. o Canadá sería considerado una falta grave, en nuestro país posiblemente sea juzgado en forma mucho más benévola.
Los maltratos fueron referidos en forma casi exclusiva por los residentes de primer año de las residencias básicas; los perpetradores en orden de frecuencia son los residentes de años superiores en primer lugar y a continuación los jefes de residentes. Esta distribución de víctimas y victimarios sugiere que la violencia estaría fundamentada en las diferencias de poder, ya que el residente más joven es quien menos poder tiene dentro de la estructura jerárquica en la cual está inmerso, y se halla por lo tanto en una posición sumamente vulnerable; esta información confirmaría los hallazgos de las investigaciones anteriores15.
Es sorprendente que los residentes que en primer año han sufrido violencia la apliquen ni bien cambian de categoría, como si hubiesen olvidado lo sufrido unos pocos meses antes. Este fenómeno podría deberse al convencimiento, enquistado en el modelo médico de aprendizaje, de que el uso de la violencia es una estrategia útil para incorporar conocimientos en situaciones de extrema complejidad como son aquellas relacionadas con cuestiones en las que están en juego la vida y la muerte.
La violencia en la residencia existe desde hace varias décadas y los residentes justifican su existencia porque consideran que no existe otra manera de incorporar tan gran cantidad de conocimientos y habilidades en un período de tiempo tan breve. Esta aceptación de la violencia como el método “normal” o “natural” de enseñanza vuelve muy difícil erradicarla. El transformar una conducta socialmente adquirida en un fenómeno propio de la naturaleza se conoce como “naturalización” y tiene como consecuencia reforzar la perpetuación de esa conducta40. Los seres humanos aceptan los fenómenos naturales sin analizarlos ni discutirlos, “ocurren así y así debe ser”. Cuando, por diferentes razones, un fenómeno de naturaleza social adquiere status de “natural” queda incorporado en la sociedad por largo tiempo, a medida que pasa el tiempo se refuerza la aceptación social y se vuelve más difícil modificarlo; este proceso se conoce como “invisibilización” y contribuye a reforzar la inserción del fenómeno en la sociedad. Las conductas violentas, cuando se reiteran, se naturalizan e invisibilizan, pues esa es la única manera que tiene la sociedad para tolerarlas. Este fenómeno también es conocido como acostumbramiento. La residencia médica pareciera estar construida sobre el convencimiento de que la violencia es inherente al proceso de aprendizaje, que existe desde los albores de la formación médica y que por lo tanto es “natural” que así ocurra.
El maltrato en la formación de los médicos tiene graves consecuencias sobre su desarrollo profesional tanto inmediato como posterior. Es difícil comprender cómo puede un joven médico incorporar y desarrollar cualidades como el altruismo o la compasión por un enfermo cuando se forma en un ambiente en el cual permanentemente recibe críticas o humillaciones por realizar en forma incorrecta tareas que forman parte del aprendizaje. De igual modo, difícilmente podrá aprender a respetar a sus pacientes y pares cuando ha aprendido que el mejor modo de aprender medicina es con gritos, castigos e incluso agresiones físicas.
En las residencias médicas de los centros estudiados los residentes sufren maltratos en forma regular, y los principales responsables de este maltrato son los residentes que se hallan inmediatamente por encima en la escala jerárquica. Este maltrato estaría originado en la asimetría de poder existente entre los residentes de diversos años y favorecido por la estructura verticalista de la residencia.
La residencia médica es el mejor método de capacitación de postgrado, haber completado este período de entrenamiento es un requisito indispensable en la mayoría de los programas de certificación médica. Por esta razón sería muy conveniente facilitar los cambios para erradicar los aspectos negativos de ella.

Encuesta sobre maltrato durante la capacitación de médicos residentes

Agradecimiento: Los autores agradecen a la Dras. María José Repetto y Beatriz Sosa por su ayuda en la recolección de datos.

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http://concurso.colmedicosantafe2.org.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=30&Itemid=73

Uno de cada diez médicos es demandado por mala praxis

"En la Argentina, uno de cada diez médicos es demandado por mala praxis, pero sólo el 5% llega a ser condenado. Esta situación, dentro de diez años, se agravará en forma asombrosa", advirtió el médico psiquiatra y legista Eduardo Espector en el marco del VII Congreso Argentino de Psiquiatría, que acaba de realizarse en Buenos Aires.

Responsabilidad profesional en salud mental, en las puertas del siglo XXI fue el tema abordado por un grupo de médicos y abogados preocupados por el desconocimiento que impera entre los psiquiatras y psicólogos acerca de la normativa que regula su labor.

 

Según los disertantes, la formación universitaria actual resulta anacrónica porque no informa sobre los aspectos legales del ejercicio médico y tampoco reconoce que la relación médico-paciente se ha transformado, democratizándose. La educación sigue reproduciendo una imagen omnipotente y autosuficiente de la figura del médico, que nada tiene que ver con la realidad.

 

Para Andrés Mega, psiquiatra forense de la Justicia nacional, "es necesario revisar la legislación vigente, enfatizando, más que el temor a la ley, su conocimiento. Es la vía regia para enriquecer mejor nuestra praxis y ayudar a los pacientes".

 

La estrategia para prevenir juicios de responsabilidad profesional pasa por afianzar la relación médico-paciente. Espector afirma que "la universidad se resiste a hablar de ciertos temas como el consentimiento informado que deben dar el enfermo o, en su defecto, los familiares, para emprender un tratamiento. Si esto no se instrumenta, el médico queda en una situación de vulnerabilidad muy grande, que lo expone a juicios por mala praxis".

 

"Hasta hace 10 o 15 años no se hablaba de la responsabilidad jurídica de los psiquiatras y psicólogos, -expresa José Martínez Sobrino, juez de la Nación, presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal Número 6-. Pero el reconocimiento adquiridos por los derechos de los pacientes y su difusión, entre otros factores, incrementaron los reclamos en la Justicia". Según Juan José Díaz, abogado especialista en Derecho Civil y de Familia, muchos profesionales de la salud mental, frente al temor de que les entablen un juicio de responsabilidad profesional, practican una medicina defensiva. Suelen requerir un sinnúmero de exámenes innecesarios, pero que liberan al médico de obligación frente a un posible juicio. El costo de este accionar es altísimo y no hay sistema de salud que pueda sostenerlo. "El aspecto pasivo de esta modalidad implica, en casos conflictivos, la no intervención, aún dejando que la enfermedad siga su curso", apunta Mega. Esto sucede cuando se torna necesario aplicar métodos de tratamiento que suelen ser muy cuestionados, como la terapia electroconvulsiva.

 

Los disertantes coincidieron en que, ante la imposibilidad por parte del Estado de controlar la actividad médica, deben instrumentarse nuevos mecanismos de vigilancia. Los médicos y psicólogos deberían ser sometidos a algún tipo de supervisión periódica para evaluar su desempeño y renovar su matrícula. Este sistema se implementa, con éxito, en Israel y Australia.

 

"Hoy se calcula que un 10% de los psiquiatras americanos está en condiciones de deshabilitación -dijo Mega-. Sufren el síndrome de burnout. Este mal consiste en un desequilibrio psicológico que surge por un agotamiento profesional y puede provocar stress, depresión, aislamiento afectivo y desórdenes de la salud, como úlceras, y de la conducta, como abuso de drogas."

 

En la Argentina, la expectativa de vida para los médicos es muy inferior a la de la población en general: 57 y 75 años, respectivamente.
"A esta situación -afirma Espector- se suma la pauperización absoluta de la medicina, que obliga a los profesionales a ir de un hospital a otro, sin tiempo suficiente para dedicar a sus pacientes, y menos aún para estudiar o actualizarse. Esta es la razón por la cual se producen mayores errores médicos y por consiguiente, se entablan más juicios por mala praxis."

 

 

 

http://edant.clarin.com/diario/1999/03/31/e-04302d.htm

Una radiografía de la Facultad
UNA DECADA. Entre 1987 y 1998 hubo 19.463 alumnos activos y 5.141 desertores en Medicina. En ese tiempo, sólo el 14 por ciento se recibió en el término establecido de 7 años.INGRESANTES. Entre 1989 y 1995 ingresaron a través del CBC en promedio 1.900 estudiantes por año.BOOM. En 1996, el panorama cambió a partir de la creación del Curso Preuniversitario de Ingreso (CPI) de tres meses de duración ideado por el ex decano Luis Ferreira. Durante tres años coexistieron dos vías de acceso a la Facultad. Ese año entraron 4.775 jóvenes sólo a Medicina. En el 97 se redujo a 2.518; en el 98, a 2.475.ADIOS AL CPI. Este año -ya derogado el CPI- ingresarán sólo 904. Una de las hipótesis para explicar este descenso en la cantidad de alumnos es que muchos jóvenes no se inscribieron en el CBC en octubre del año pasado, confiando en que el CPI, nunca aceptado por el Rectorado, seguiría vigente.EGRESADOS. Ahora egresan de Medicina de la UBA alrededor de 1.200 médicos por año. En los hospitales de todo el país tienen vacantes para 1.500 residentes; la mitad se reparte entre la Capital y el conurbano. Pero de las restantes universidades egresan 2.500 médicos más.EN LA ACTUALIDAD. Según el último censo de la Facultad, actualmente hay 33.529 alumnos para todas las carreras. Y 19.193 sólo para Medicina